¿Qué pasa con la Universidad del Tolima?

Tomada de Q'hubo

Recuerdo vivamente mi primer viernes en la Universidad del Tolima, corría el año 2000, era la primera semana de agosto y teníamos programada la asistencia a la presentación del Comité Estudiantil de Bienestar Universitario para los estudiantes de primer semestre. Después de unos veinte minutos de espera, nosotros, los primiparos, empezamos a preguntarnos que había sucedido y comenzamos a lanzarnos miradas cómplices como invitándonos mutuamente a abandonar el aula del primer piso del Bloque 32 dónde nos habían citado. Algún avezado en la vida universitaria empezó a hablar de la ley (apócrifa por cierto) de los 15 minutos, aquella que conmina al estudiante a desaparecer si pasado un cuarto de hora después del supuesto inicio de alguna clase o evento no se presentaba el docente o la persona encargada.

Ya nos aprestábamos a salir cuando ingresaron unas cuatro personas, tenían pinta de metaleros, vestidos con colores obscuros, largas cabelleras, una que otra gorra desgastada y la tradicional mochila. Entraron hablando fuerte, levantando un puño al aire y haciendo una muy buena imitación de Christian Bale como Batman (anacrónica ya que Nolan no filmaría su trilogía sino al menos 8 años después) diciendo con voz de fingida autoridad: "¡Buenos días compañeros!".

Sin excusarse por la tardanza, los "jóvenes compañeros", que a todas luces era evidente que ya habían pasado al menos tres mundiales en la U, empezaron congratulándonos por haber sido admitidos en la Universidad Pública, hablando de las bondades de la vida universitaria (como el restaurante, del cual nunca hice uso) y de los espacios de participación que podíamos usar siendo alumnos de la UT. Era una charla un poco intimidante, sobre todo por el tono de la voz y la rapidez al hablar de todo aquello; pero quizás eran expeditos porque lo más importante venía a continuación.

Con un ritmo pausado y solemne se nos dijo: "¡Compañeros, hay que defender la universidad pública porque Pastrana la quiere privatizar!" (o algo así).

(Spoilers: lleva 70 años siendo pública y contando) Fuente.
En vista de los sucesos de junio de 2015 en la Universidad del Tolima, creo que los "compañeros" del CEBU estaban errados, estoy de acuerdo con la parte aquella de que se debe defender a la universidad pública, pero de los extremistas criminales encapuchados y de otras tantas irregularidades.

Y es que las pocas veces que he regresado a mi Alma Máter me he quedado perplejo; modernas construcciones envejecidas prematuramente con grafitti de arengas políticas rancias, más cercanas a la revolución de octubre en la Rusia Zarista que al trasegar cotidiano del estudiante que viene de la provincia (incluyendo Marquetalia por supuesto), y un mercado persa a la entrada de la institución que no tendría nada que envidiarle a un zouk de El Cairo o el Gran Bazar de Estambul (del minuto a 100 al caramelo barato).

Irónicamente no fue Pastrana, ni Uribe, ni Santos (ni el rector, ni el gobernador de turno) el enemigo de la U pública del departamento. A la Universidad del Tolima la están acabando los "capuchos", los pseudo revolucionarios con Facebook y WhatsApp que remedando fanáticos (como los del Estado Islámico o hinchas de Boca Juniors, pues cabezas huecas hay por doquier) creen que la destrucción, la agresión y el vandalismo son forma legítima de protesta. El problema estuvo todo el tiempo dentro de la U y nadie lo quiso ver.

Los sectores moderados dicen que se tratan de protestas legítimas, pero como exalumno me niego a creer que son actos de rebeldía juvenil ante el sistema, son actos de robo y saqueo de los bienes públicos totales y llanos. Porque ¿Qué diferencia hay entre un exministro doctorado de Harvard que repartió los recursos del agro como le convenía y la bestia que acaba con el "sagrado" recinto del pensamiento que dice defender? ambos son criminales de talla universitaria y ninguno es mejor que el otro.

¿No se puede hacer protesta pacífica? La experiencia propia me dice lo contrario; tengo recuerdos de una marcha con antorchas desde la UT hasta la Gobernación para pedirle al entonces gobernador, Guillermo Alfonso Jaramillo que no recortara el presupuesto de la U. Curiosamente estábamos errados ya que el gobernador no sólo no recortó el presupuesto sino que impulsó el desarrollo de la institución. Si bien estábamos mal informados, la marcha fue pacífica, con canciones y jolgorio, con la policía escoltando a cada costado, no como rivales en una guerra estúpida sobre el asfalto sino como garantes de la seguridad ciudadana.

Aunque pensándolo bien, andar con antorchas no es un signo claro de pacifismo. (© Twentieth Century Fox)
Se dice que se trata de una conmemoración del día del estudiante caído - ¿Día del estudiante caído? pregunto ingenuamente. Caídos quedaron otros estudiantes (activos u observadores) que ante la brutal reacción del ESMAD han sufrido graves heridas; caídos los estudiantes que se han quedado sin un espacio para estudiar y formarse, caídos del zarzo los que siguen como borregos a los que les manipulan con intereses obscuros y claramente negativos.

¿Qué pasa con la Universidad del Tolima? Que muchos pensaban que la amenaza estaba afuera, cuando el verdadero enemigo de la universidad pública estaba dentro. Sólo le queda a uno dolor, tristeza e indignación en el alma al ver como los criminales hacen más ruido que los estudiantes.
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